La madrugada explotó algo más que Caracas: explotó el tablero político internacional.
Donald Trump afirmó públicamente que Nicolás Maduro fue capturado y sacado de Venezuela por fuerzas estadounidenses, tras una operación nocturna mientras se reportaban explosiones en puntos estratégicos de la capital venezolana. Según su mensaje, también habría sido detenida Cilia Flores, figura clave del poder chavista.
La declaración, difundida sin confirmación oficial inmediata, provocó reacciones encontradas, para millones de venezolanos representa el posible fin de una dictadura; para la comunidad internacional, una señal alarmante sobre el uso de la fuerza y la ruptura de reglas globales.
Maduro arrastra acusaciones por narcotráfico en tribunales federales de Estados Unidos desde 2020, con recompensas multimillonarias por su captura. Sin embargo, una intervención directa de esta magnitud —de confirmarse— marcaría un antes y un después en América Latina y reabriría viejas heridas sobre soberanía, intervencionismo y poder militar.
Hasta ahora, no hay confirmación independiente que respalde el anuncio. Y eso es justamente lo que vuelve el momento más inquietante: si es cierto, estamos ante un hecho histórico; si no lo es, el mundo acaba de presenciar una de las afirmaciones más graves hechas por un líder político en años recientes.
Mientras se esperan más detalles, una cosa es clara: Venezuela no volverá a ser la misma… y el mundo tampoco.

